sábado, 2 de abril de 2016

cartas y poesía (8 de 38 velitas)

Querida M:
La octava velita de mis 38 (y deberé tomar carrera porque faltan menos de 60 días para mis 39), será la poesía. Es un regalo que me hice el 8 de mayo pasado: darme 38 velitas de escritura, 38 entradas a mi creatividad con las palabras. Las palabras me han abandonado (ahogadas en demasiada charla social). Por eso siempre me ha gustado venir a tu casa: aquí puede sólo ser música, silencio, poesía. Como la que encontré hoy cuando me presentaste a tu amiga Cristina. En el pedaleo hasta aquí había pensado que serían Henry y Anaïs quienes me hablarían de mí. Entonces la transcribo, y nos deseo.

MI SEXO

Mi sexo no es buen consejero.
Mi sexo no es de fiar.
Mi sexo sabe de mí cosas que yo no sé
y tiene inclinaciones que me sorprenden,
niña impúber que ha menstruado antes de tiempo.
Mi sexo me conduce a donde no quiero ir
y habla un lenguaje mudo
hecho de gestos y de impulsos
que claman en la soledad de la noche
como niños huérfanos.
Si conversara más a menudo con mi sexo
posiblemente podríamos llegar a algún acuerdo:
o yo lo mato a él
o él me destruye a mí.

....

Querido P:
Cristina también me ha hablado de nosotros:

Cuando no hacemos el amor
me encierro
      encierro
      encierro
entre cuatro paredes
aunque quizás son cinco
lo mismo da
siempre es una cárcel
como mucho chocolate
bombones
decenas de bombones
bomba-bomba
bum-bum
bombones belgas
bombones suizos
bombones ingleses
bombones alemanes
                  bombones con forma de concha marina
                  bombones como caballitos de mar
                  bombón o pezón
                  labio o rosa
                  bombón o lóbulo
A la noche
la caja está vacía
y yo me siento gorda
creo haber aumentado de peso
esta hinchazón no puede ser sana
es el deseo insatisfecho.

Ahora que lo pienso, P, tal vez no hable de nosotros, a pesar del bombón y el chocolate de anoche y la manija de esta mañana. Tal vez me hable de A, o de una pista. Tal vez este se acerque más a lo que no dijimos:

MIEDO

Las pocas veces
que he sido feliz
he tenido profundo miedo
          ¿cómo iba a pagar la factura?
          Sólo los insensatos
-o los no nacidos-
          son felices sin temor.

Querida Juli:
¿Será este tu poema del día?

EXTRANJERA
Extranjera en la ciudad
extranjera entre los otros
de noche
me encierro en el bar gay.
Ah, mis hermanos....
el alegre maricón con el pelo verde
que baila sensualmente
mientras se mira en el espejo
cual Narciso teñido
la profesora de francés
vestida de George Sand
con su alumna preferida
(Balthus)
y las parejas siamesas
que han conseguido
eliminar las diferencias.
Pido una copa
todo el mundo baila
todo el mundo menos yo.
¿Será posible que aquí también
entre falsos pelirrojos
y lesbianas sin pareja
te sientas otra vez una extranjera?

jueves, 8 de octubre de 2015

De esto no se habla: I de insultos, O de olores y E de erotismo (7 de 38 velitas)






Me aburren hasta la indignación los hombres sin imaginación. Hombres de la nueva era: de verdad aún piensan que llamar "hinchapelotas" a una mujer puede ser un comentario "erotizante"? Siempre me llamó la atención que sea el término más utilizado por los (ciertos) hombres al referirse a una mujer a la que no pueden entender. Porque suele ser lo que les sucede a los hombres con las mujeres: tienen sexo con ellas, pero no hacen ningún esfuerzo por entender su universo.

Tratando de adelantarme a la respuesta de esa clase de "hombre" (apelando por supuesto a la imaginación), seguramente su explicación sería algo así como (en caso de que llegaran a un grado de pensamiento tan elaborado): "Y sí, me hincha las pelotas, por eso la uso para vaciármelas". Triste, no? Triste por ellos, y bastante humillante para la mujer. Sé que no todos los hombres son así. Y esto no es un manifiesto feminista. Es intentar entender si realmente ustedes, hombres que están leyendo esto, pueden llegar a pensar que llamar "hinchapelotas" (o su variante "rompehuevos") a una mujer puede llegar a desencadenar algún tipo de erotismo en ella.

Obvio que escribo esto por algo que le pasó a una amiga. Y lo que me hace sentir su relato es aburrimiento, desazón y ganas de decirle: mandalo a la mierda al fulano ese!

En lo que a mí respecta, me erotiza mucho más la literatura, la buena música, la buena ortografía, la sutileza de la seducción lenta.

Por suerte, si me pasara a mí, tendría la escritura para canalizar el enojo. Escribir es el acto que todo puede transformarlo: la experiencia más horrible, gracias a la magia de las palabras y de la imaginación, puede pasar a ser la más hermosa. Eso me hace acordar a una entrada alquímica que escribí en mi diario mucho antes de tener una banda llamada Olora Bodegón.  Se trata de un texto oloroso, y me causó diversión encontrarlo releyendo ese diario casi un año después, cuando la banda ya había dejado de ser Olor A Bodegón, para darle paso a la entidad prestidigitadora de esta sintomática agrupación. Y sin ser el olfato mi sentido más agudo, transformar el pensamiento sobre los olores me ha provocado estados interesantes, una especie de erotismo de la conciencia. Por supuesto, hay olores más eróticos que otros, y no es lo mismo el olor a chivo que el olor a sexo (aunque chivemos mucho cuando cogemos). Siento que es un buen momento para compartirlo con ustedes.

Sábado. Mediodía. Huelo a chivo. Fue patente para mí el momento de volver del puerto (de regalarle a Buquebus $279 por mis indecisiones o decisiones partidas por la mitad), ese momento de volver mojada por la lluvia de seis cuadras ida, seis cuadras vuelta, sacarme el abrigo mojado, chaleco mojado, buzo seco, camiseta mojada y abajo: el olor. Un olor que más que a chivo es como al establo del chivo. Un olor a chinchilla rebozada, olor a chancho muerte, olor a zángano. Olor a sótano, o mejor: olor a sotana. Olor a palabras reducidas a fuego lento, olor a gato encerrado, olor a ojalá. Olor desolador, olor desolado. Olor a juego de olores: huelo, huelo, qué olés? Huelo menta (vamos exorcizando), huelo praias do nordeste, huelo elegías, huelo almendras con frutos, huelo sol. Huelo vuelos de palabras, huelo huevos revueltos, huelo suelos nuevos. Huelo paz. Huelo profundo. Huelo que ya no hablo por hablar. Huelo distintos paradigmas. Huelo dedos pasajeros. Huelo estigmas y enigmas. Huelo pomada de zapatos: esos actos repetidos de una infancia congelada. Huelo sismos y abismos. Huelo sin vergüenza, huelo sin pasado. Huelo rodilla, escarmiento, censura, CESURA. Huelo pasillos, ladrillos, rastrillos. Huelo sombras y sombreros, huelo vueltas carnero en el pasto. Juego a que huelo pensamientos: huelo codicia, acertijos, cencerros, astucia. Huelo hielo, rigidez, rispidez, cartomancia. Huelo gotas de deseo, huelo olores que no conozco y espero: huelo mar en enero. Huelo veneno, antídoto, asociación libre. HUELO LIBERTAD: huelo porque vuelvo para irme de nuevo. Huelo y no veo: huelo todo con esta nariz tapada, con la tercera nariz, con el olfato despierto, con indecencia, con caos. Huelo sin pelos en la lengua, huelo con verdad, sin recelo, sin olores pendientes, con olores venideros: huelo bienvenida que despide olores añejos. Olores con moños, olores de ansias, olores que calman: gracias palabras por esta ducha aguacero.

sábado, 30 de mayo de 2015

plegarias (6 de 38 velitas)

“No es que escribas siempre lo mismo, / escribes en el mismo lugar otra capa, / más honda, de ese lugar” .
Noni Benegas (Buenos Aires, 1947)

Cuando le hablamos a Dios –se llegó a escribir–, se llama plegaria, cuando Dios nos habla, se llama esquizofrenia.

Schreber teólogo
La injerencia divina II
Autor: ALLOUCH, Jean

(Citas encontradas al azar en el muro de alguien que solicitó mi amistad sin saber yo de quién se trata).

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Siete mujeres reunidas en círculo. Es primavera y la luna está creciente. Cada una ha arrimado un objeto al altar que en ese mismo acto han improvisado. Una pluma, una piedra, una hoja, un escrito, una flor, una vela, un rosario. La ceremonia comienza: se escucha el primer rezo. Quien reza sostiene entre sus manos una pequeña vasija con flores y una vela flotando en el agua.

Como las semillas, 

necesitamos la oscuridad para crecer.
En el silencioso y oculto latir
de nuestro Útero, Mujeres,
toda nuestra historia personal
y la de todas nuestras ancestras
y de todas nuestras hermanas
se nutren, se curan, se aman.
Se unen, intercambian información
los vientres de cada una
en el Gran Vientre de la Creación
buscando su propia Identidad
que se pierde sin la Totalidad.
Construimos en conjunto 
una nueva historia
nuevos orígenes
nuevos códigos de convivencia con el Hombre.
Exponemos y resolvemos los antiguos conflictos
que nos confrontan con nuestros miedos,
con nuestra propia especie.
En esta oscuridad de la negación,
seguida de la cáscara resquebrajada,
las raíces asoman:
la mariposa antes de serlo.
Ser oscuras para ser claras.
Para regenerar.

Gran recogimiento en el círculo. Todas respiran la transformación. 
Y el segundo rezo:

Una habitación llena de oscuridad y pena.

Una vela enciende su llama
y al instante ve a otras velas-hermanas
desperdigadas
tímidas
en un silencio de profundo dolor.
¿Es mi luz suficiente para extinguir toda esta culpa?
se pregunta la vela encendida,
y en ese instante
el chirrido de una puerta que se abre
exponiendo un corredor como un fanal
goteando esencias del submundo.

Fuego que vagando transformas,

dice la vela,
estoy honrada de ser tu anfitriona.
Mi modestia, sin embargo, se pregunta:
¿Por qué yo?
¿Soy para alguien la luz al final del túnel?
¿Soy acaso el faro para un alma en naufragio?
Mi pabilo es grueso
mas eventualmente  
me apagaré.

Mientras así habla la vela,

una brisa desde el corredor
responde con un canto sutil
ayudando a las otras hermanas velas
a encenderse en eterno y compartido resplandor.
La habitación ahora brilla
y la vergüenza es sólo una sombra
que recuerda a cada alma
que siempre hay una manera de sobreponerse a la oscuridad.

(...)


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38 velitas es un regalo de cumpleaños. Escribo lo que me den ganas, 38 entradas en las que tal vez haya un hilo conductor oculto que yo misma desconozco. 

sábado, 23 de mayo de 2015

ficción de resfrío (5 de 38 velitas)

Ojalá fuera otoño hasta el otoño que viene. (Caro Chinaski).

Siempre diré cosas lindas del otoño, por más resfríos que me traiga. (Juli Cal).

El descubrimiento de las mitocondrias fue un hecho colectivo. El gran número de términos que se refieren a este orgánulo es prueba de ello: Blefaroplasto, condrioconto, condriómitos, condrioplastos, condriosomas, condriosferas, fila, gránulos fucsinofílicos, Korner, Fadenkörper, mitogel, cuerpos parabasales, vermículas, sarcosomas, cuerpos intersticiales, plasmosomas, plastocondrios, bioblastos. Cowdry intentó en 1918, en un trabajo luego citado por Lehninger, sistematizar y unificar todos los términos. (Wikipedia)

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Una niña ingresa a la sala de espera. Su mano va pegada a la de su madre, que vino a visitar a alguien. La niña parecía nunca haber estado ahí. Sus ojos desorbitaban encuentros insólitos con situaciones que nunca había habitado: el señor gordo que cuestiona al policía en su condición de escolta; la señora de blanco que responde con parsimonia al llamado del mostrador y atraviesa el pasillo con porte importante llevando un sobre blanco al buzón de Emergencias; el muchachito que sale de Emergencias con el brazo doblado adentro de su remera y su padre coqueteando con la enfermera.

Celia, que ya leyó en todas las direcciones posibles todos los carteles que cuelgan en las paredes blanquísimas de la sala, observa a la niña y reconoce ese temblor de ver o sentir algo por primera vez. Como cuando vio por primera vez la foto de una mitocondria. Eso la lleva a preguntarse: cómo se verá ahora, en este estado gripal y asmático, mi pequeña y conspicua amiga navegando por mares eucariotas de citoplasma resfriado? Y recuerda con entusiasmo el encuentro con el científico aquel. A Celia le gustan las esperas. Las disfruta creando diferentes realidades imaginarias que podrían acontecer cuando la espera finalice. Prefiere esperar a concretar, porque la espera es muchísimo más rica en posibilidades.

A Mimi no le gusta trabajar en un hospital, y cuando se enferma falta hasta estar bien recuperada. Se alegra de la visita de Ariadna, pero desaprueba la presencia de su pequeña Mina: un hospital no es lugar para los niños, menos aún si están sanos. Además, a Mina le falta algo en ese lugar. Un caño del cual colgarse cabeza abajo, como en el patio del colegio. Dejar que la sangre hinche los ojos y enrojezca las sienes. Encontrar desde un ángulo dado vuelta los mensajes ocultos en ese lugar, como en los discos y casetes escuchados en reversa.

Cuando finalmente la atiende un médico que en nada se parece al científico (una de sus fantasías era que el científico fuera también médico, y que el reencuentro se produciría en la guardia del hospital menos esperado, donde él tomaría en la dudosa intimidad del recinto fotos obscenas de sus sarcosomas excitados) y que le da los remedios que nunca va a tomar, Celia toma nota mental de sus propias medicinas: para terminar de curar este estado subliminal de conciencia deberá clavarse alguna serie de seis temporadas completas que no haya visto aún (como Weeds) tomar un curso de repostería orgánica y algunas sesiones de vuelo astral. Con ese tratamiento estaría lista para enfrentar la verdad del encuentro.

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38 velitas es un regalo de cumpleaños. Escribo lo que me den ganas, 38 entradas en las que tal vez haya un hilo conductor oculto que yo misma desconozco. 

martes, 19 de mayo de 2015

hierros (4 de 38 velitas)

"Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde." Navokov

La reunión transcurrió de manera desordenada. Alan volvía de jugar al golf, ese nuevo berretín que se le había metido en la cabeza. Dulce había trasnochado, no lograba abrir los ojos del todo. La Buela Berta volvía de misa con el rosario a medio rezar, y Buelo Baldo desmenuzaba el pollo que sería estofado unas horas más tarde.

Lazarita jugaba con los palos. Amalita la miraba con cariño y desde un lugar lejano. Violeta y Jazmín juntaban pétalos podridos. Ausencia, Villordo y Almita aún no llegaban, atrapados en el tránsito por culpa de la venta excesiva de autos nuevos.

El almuerzo del domingo todos juntos era algo que no se discutía. Algo hacía que eligieran compartir esas dos horas aunque no se tuviera ganas, aunque los partidos los dejaran cansados y quisieran modorrear todo el día o realizar alguna práctica social más moderna como ir a la feria de diseño o al afterhour de la Casa del Arbol. 


(¿Por qué nadie les había dicho que a veces los limones hacen arder las heridas?)


El pollo no estaba del todo muerto, y Buelo debió esgrimir artilugios esdrújulos para acallar el llanto frente a sus nietitas. Los impactos de ciertos sonidos cuando se escuchan por primera vez pueden dejar toneladas de traumas en la psiquis de una persona. 


(¿De cuántos sonidos los puedes aislar? ¿Cuántas veces oíste los llantos de los hijos de las costureras de la India?)


Lazarita quiso agarrar el pattern. Amalita quiso evitar el desastre y terminó provocándolo: todos los palos al piso, y el hierro 3 cayendo justo en el jarrón antiguo de la bisabuela ya muerta. Por más arreglos que le hagan, quedará desordenado, como la reunión.


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4 de 38 velitas: un regalo de cumleaños. 38 escritos sin más sentido que ver si en la suma final cobran algún sentido.

viernes, 15 de mayo de 2015

hasta las 18.48 (3 de 38 velitas)

Cuando la confianza se quiebra, suena como un cristal: un sonido casi bello de tan desgarrador.
Escaparía tantas veces como quisiera de la prisión de mis consuelos.
Nada en el mundo ha sido hecho para parir. Mejor se consuelan los monos, murucuyando todo el día sin tono ni sol.
Es que he venido a parar a la jaula de los cuervos, y nadie se salva de su condición: no, ni siquiera tú, ninguna de mis yugulares estará lo suficientemente abierta.
Y aún así, es mejor preferir que cerrar. Es tan incierta nuestra experiencia de la tierra. Esta vida que vinimos a ocupar, como un canto en la fuente. Tan frágil todo lo que construimos. Tan la muerte o el despido o el desalojo del otro lado. 
Nada. Detengo la escritura, pero debo seguir. Seguir. No sé cuántos minutos, pero por lo menos hasta que el reloj dé las 18.48.
Entonces será la hora. Qué lindo poder escribir "entonces será la hora" y que eso despierte unabanicodeposibilidades. Un pánico de posibilidades. Mi pecho es eso ahorita mismo.
Todo. Todo parece seguir su rumbo. Las estaciones, los meses, los agujeros, las partidas, las casas, las raíces, los aviones, trenes, colectivos, todo en su rumbo en el mundo.
Suenan tambores y la radio está muy buena. La recomiendo en este acto: BABEL FM, 97.1, la programación es inspiradora, son músicas del mundo, de las que tienen alma.

La confianza que se quiebra suena como un ciclomotor: es molesta y nadie le pidió que apareciera. Queda un ronroneo quejoso en el medio del pecho, y las preguntas y las revisiones del guión que llevó a esa tensión. No puedo escapar, todavía son las 18.44.
Lo que yo vivo y siento perfecto en su calidad de presente, sé también que puede no estar cualquier otro día, por eso lo disfruto tanto hoy. Y si no está, será porque es hora de barajar de nuevo. No me asusta empezar de cero. Tal vez me asusta construir, por lo de tener que empezar otra vez y otra siempre una vez más.

Algo cae al piso. Es un golpe sordo. A caída amortiguada. Luego la lija. Suena a carmín oxidado. Y siguen los tambores jazzdomberos. La mosca verde mordiendo el borde de la conciencia: legalicen al amor!

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38 velitas: es mi regalo de cumpleaños, escribir 38 posts acerca de lo que sea.

miércoles, 13 de mayo de 2015

esquina: libertad (2 de 38 velitas)

Varias serpientes andan por estos días mordiéndose las colas: las charlas entre cervezas y humos fueron de horas, y en un parpadeo volvimos a una adolescencia de carcajadas corales. Caracoles! Somos extranjeras en esta ciudad.


Antes, había sido el desembarco frente al monoblock aquel de la Boca donde vivimos mi piano y yo, más el recorrido del 25 pasando por Montes de Oca - la avenida de los huevos rellenos en casa de la Nona (ahí también un piano, el primero, y los libros de partituras) - y por Arcamendia - la calle de la casa abandonada por la familia donde mamá guardaba el vestido de novia y que más tarde fue tomada por una familia de bolivianos.


Aun así, lo corroboré: Buenos Aires, no soy tuya ni vos mía. Me das dolor de panza, me hacés precipitarme, y tus camas me dan insomnio.

Por eso estoy feliz de volver a mi pueblo chico, que aunque traiga a mucha gente de afuera, no significa que puedan, como yo, traer un poquito de quebrada.


Antes aún, esa otra serpiente en mi casilla de correo, con aromas a tierras del bosque y del mar, a un jardín japonés entre las montañas y a puertas abiertas a otra percepción. 

Fui hasta el fondo del pasillo con la luz bien apagada. Después prendí la luz y asusté a todos. 

La sombra cliché atraviesa el miedo a nunca ser una fruta madura. Mis bríos son de caballo salvaje en el río.

Todo esto para decir: libertad o datrebil?

Hasta mañana.